| CONTROLAR EL ESTRES : EL ARTE DE RESPIRAR |
La respiración es la fuente fundamental de la esencia del vivir diario, Una buena respiración es fuente de salud, fortalece la vitalidad del cuerpo y de la mente y es la puerta para una efectiva relajación.
Respiramos mal, utilizando mínimamente la capacidad total de nuestros pulmones. El organismo se acostumbra a los vicios y malas costumbres que impone la vida agitada, la falta de ejercicio, vestimentas y posturas inadecuadas, ambientes mal ventilados, entre otros factores.
Los beneficios asociados a una respiración correcta y profunda son:
Efectos fisiológicos: a través de los movimientos que provocan los ejercicios de respiración profunda, los órganos abdominales (estómago, intestino, hígado y páncreas) reciben un masaje, al igual que el corazón, gracias al movimiento de la parte superior. Ello estimula la circulación sanguínea de todos estos órganos con el consiguiente alivio en sus cargas de trabajo y el bienestar general del organismo. Lo mismo ocurre con los pulmones, los cuales aumentan su capacidad respiratoria.
Efectos digestivos: los órganos digestivos reciben mayor cantidad de oxígeno y, por lo tanto, su funcionamiento es mejor.
Efectos nerviosos: mejora el estado del sistema nervioso, incluyendo el cerebro, la columna, los centros nerviosos y los nervios. Una vez más, ello se debe a la mayor oxigenación.
Relajación y concentración: la respiración lenta, profunda y rítmica provoca una reducción en los latidos del corazón y una relajación muscular, lo cual estimula la tranquilidad mental.
Estrés: la puerta a los problemas
Una de las consecuencias graves de no saber respirar es no poder evitar ni manejar situaciones estresantes con los consiguientes problemas de salud, problema tan común en estos tiempos.
Lo primero es identificar algunos síntomas que acusan la presencia de este mal contemporáneo como el tener todo el día una sensación abrumadora, de enojo y de muy mal humor con uno mismo y con los demás. Pueden presentarse conductas impulsivas, pensamientos obsesivos, incapacidad de concentración, miedo sin motivo, risa nerviosa y chillona, pesadillas frecuentes, aumento del consumo de cigarro y el uso de fármacos legales (tranquilizantes), abatimiento, tristeza, apatía, sensación de inseguridad, de carencia, de menor valía o desesperación, retraimiento o aislamiento.
Las sensaciones físicas del estrés se pueden manifestar con palpitación cardiaca, fatiga, temblores, tics nerviosos, tartamudeo, bruxismo, dificultad para conciliar el sueño, sudoración profusa, manos frías, diarrea, indigestión, náuseas, a veces vómitos, cefalea migrañosa, dolor en el cuello o espalda, falta o exceso de apetito, entre otros.
Si descubrimos que padecemos cierto grado de estrés es importante que le pongamos freno a tiempo ya que la ciencia ha descubierto la estrecha relación que existe entre la actividad mental-emocional con la función cerebral.
Las emociones negativas (rabia, miedo, tristeza, etc.) hacen que el cerebro libere químicos, neuropéptidos, que afectan al organismo de manera adversa, provocando una menor resistencia a las enfermedades y fomentando un peor estado general de salud, a diferencia de las emociones positivas que causan el efecto contrario.
Estrés y energía vital
Es normal que nos liberemos de una cuota de estrés realizando alguna actividad física como danza, natación o bicicleta, o bien, otras actividades recreativas como la música o la jardinería. Asimismo, los ejercicios de relajación corporal y el humor permiten en forma consciente descubrir las tensiones que nos agobian.
A pesar de que todo lo anterior funciona, la clave para disminuir realmente el estrés es saber que a menor energía vital, mayor estrés. Por lo tanto, el objetivo fundamental es aumentar esta energía.
Como la energía vital es la esencia que nutre nuestra vida y la del Universo, significa que al padecer estrés estamos alejados de nuestra esencia y, para liberarnos de este estado, debemos orientarnos hacia ella.
Existen cuatro fuentes primordiales para aumentar la energía vital: la respiración, la meditación, el descanso y la alimentación.

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